El Ojo de Dios en el Navegador: La Democratización del Panóptico Planetario (2a parte)
Ahora, concentremos el análisis intentando dar respuesta a los siguientes planteamientos: ¿Quién mira, quién decide y quién queda expuesto, como parte de los dilemas que abordan sobre la gobernanza, la ética y trillada en los medios, la soberanía. Esto implica saber que toda tecnología que amplía las formas de visión desde el punto de vista político sobre el hecho de quién gobierna. Nos remite de entrada sobre la vigilancia que no es un invento reciente de la sociedad contemporánea. Lyon (2014), en su publicación, Big Data & Society, ya sostenía que el big data intensifica ciertas tendencias de vigilancia al expandir conjuntos de datos interconectados y herramientas analíticas. Lo que cambia por herramientas como la que ahora abordamos, God´s Eye View no es la existencia de la vigilancia, sino su escala, su costo y aparente inocencia. ¿Es lo mismo observar que vigilar?
Murakami Wood (2017) propuso pensar la vigilancia urbana como una condición planetaria, atravesada por una modulación constante entre lo biopolítico y lo necropolítico. Es un marco útil para una tradición foucaultiana, pero también para el lector no especializado: la ciudad, la nube y el satélite forman hoy un solo tejido. ¿Dónde termina la cámara de la esquina de tu casa o negocio y lugar de trabajo y dónde comienza el planeta observado?
Jeremy W. Crampton, reconocido académico investigador de la Universidad del Colegio de Artes y Ciencias de la Universidad de Kentucky, analiza desde su postura desde la geografía crítica, estudia cómo la inteligencia geográfica, la seguridad y la gubernamentalidad enrolan el conocimiento geográfico, la cartografía y los SIG son para este experto, tecnologías controladas desde instancias del gobierno. Esa pregunta es más que urgente. Si una plataforma democratiza el acceso a esta información especializada de la geografía y cartografía, pero también normaliza la mirada de seguridad geoespacial como mirada cotidiana. ¿Quién se acostumbra a vigilar parece un mero acto de pasatiempo, o existe algo más?
La literatura reciente intenta traducir esas inquietudes y especulaciones que pueden sonar a discurso conspiracionista, en marcos concretos. Por ejemplo, esto lo podemos observar en un artículo publicado del International Journal of Geo-Information (2026) en el cual propone un marco ético operativo para el sistema de GeoAI, con doce ejes que incluyen geoprivacidad, gobernanza de datos, prevención del uso indebido e inclusión y accesibilidad. La idea de "geoprivacidad" merece quedarse en el vocabulario público: una persona puede no aparecer con nombre en un mapa y aun así ser identificable por dónde y cuándo se mueve. ¿Qué parte de nuestra ubicación estamos dispuestos a considerar pública?
En ese sentido, la gobernanza va rezagada. Gegana (2026), nos advierte en el Congreso FIG, que el ritmo de la innovación en GeoAI ha superado el desarrollo de marcos éticos y de gobernanza sólidos, con riesgos de sesgos algorítmicos, flujos de datos opacos y acceso desigual. Y deja una pregunta al aire que no conviene contestar de prisa: ¿quién debe regular la GeoAI? Los Estados, los organismos internacionales, las empresas y las comunidades tienen razones distintas, y a veces opuestas.
El debate académico ya abrió espacio para ello. Una convocatoria del International Journal of Geographical Science sobre ética en la IA geoespacial incluye entre sus temas la soberanía de los datos geoespaciales y las aplicaciones de los enfoques no occidentales a la ética de dichos datos. Implica reconocer que la ética tiene geografías es ya un avance: lo que parece prudente en un laboratorio europeo puede ser insuficiente, incluso hasta irrelevante, para una comunidad indígena o algún municipio localizado en Latinoamérica. ¿Puede existir una ética geoespacial universal sin borrar las diferencias?
La soberanía es el concepto que más circula. Un análisis divulgativo publicado en la revista chilena, CIPER (2026), sostiene que la soberanía digital ya no es solo ubicar servidores sino garantizar control sobre la administración de los entornos, protección de la información y uso de infraestructuras abiertas. Es una columna de opinión y no un estudio arbitrado, pero ilumina el debate regional. Aplicada a lo geoespacial, la pregunta se vuelve incómoda. Si las imágenes, los modelos y la nube son ajenos. ¿Cuánto del conocimiento de nuestro territorio nos pertenece?
Otro frente es la desinformación. Los autores expertos de la plataforma OSINT analizada por Tuffis et al. (2026) señalan que actores estatales y no estatales siembran deliberadamente canales abiertos con información engañosa. Un globo con datos reales puede mostrar, junto a ellos, cifras manipuladas o interpretaciones sesgadas. La transparencia aparente no sustituye al criterio. ¿Cómo se educa a una ciudadanía para dudar con método sin caer en el cinismo?
Hay también una crítica cultural. Un ensayo publicado en Substack argumenta que el nombre de la herramienta captura una fantasía militar, colonial y masculinista propia de la tecnología tal como la conocemos. No es evidencia empírica, pero si una hipótesis que vale la pena discutir. Nombrar es una forma de gobernar la imaginación: un "ojo de Dios" sugiere omnisciencia, y la omnisciencia es una promesa que ningún sistema cumple. ¿Qué nombres darían otra relación con el planeta que miramos, o intentamos observar con más detalle y atención?
Así, el dilema no es elegir entre prohibir y celebrar. Se trata de decidir qué usos se consideran legítimos, qué datos merecen protección, qué instituciones responden por los errores y cómo participan quienes viven en los territorios observados. La democratización del acceso no equivale a la democratización del poder. Con esto cerramos el apartado con la pregunta a modo de conclusión abierta para su análisis colectivo. ¿Qué mecanismos permitirían que por el solo hecho de mirar el planeta no fuera un privilegio de quien posee la infraestructura?
En el siguiente apartado, veremos cómo se podría construir un criterio en relación al sector empresarial, a la formación de talentos en este campo de estudios y su relación con la innovación responsable de saber y tener acceso a información geoespacial a través de estas tecnologías de inteligencia artificial aplicadas al entorno geográfico y cartográfico entre otros.



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