Superinteligencia vs. IA y la Guerra de Tronos Algorítmicos: Voces Expertas ante el Riesgo Civilizatorio (3a parte)
De las voces expertas nos queda un pendiente que no podríamos soslayar, cuando en estos momentos continúa barajándose el uso del poder digital algorítmico entre la megacorporaciones de la inteligencia artificial, que por parte de Estados Unidos y propuesta del presidente Trump, quiere que ya desde ahora, se le denomine como "superinteligencia", concepto que anteriormente ya había sido expuesto, entre otros por Nick Bostrom (2014), nos viene ya advirtiendo sobre los posibles riesgos de implementar estas tecnologías disruptivas. Por eso, es también, necesario que revisemos a otras voces expertas como es el caso de India, y aquellas del Sur Global que expone en sus planteamientos la propuesta por una IA humanista como parte del cambio civilizatorio.
En este último apartado hay una pregunta que en los dos anteriores se han ido construyendo con paciencia, pero que ninguno de ellos ha podido responder directamente, porque su respuesta requiere salir del territorio epistémico donde tanto el dilema de seguridad de E.U.-China como el debate europeo sobre gobernanza se producen: ¿es posible concebir una inteligencia artificial que no sea el aceleramiento de la instrumentación corporativa sin límites ni el arma de la rivalidad geopolítica entre potencias, ni siquiera la solución tecnocrática que una élite ilustrada diseña para el resto de la humanidad?
Este tercer apartado examina las condiciones -y los límites- de esa posibilidad, a partir de tres registros que se tensionan entre sí: la propuesta proveniente de India como "tercera vía", la crítica decolonial al eurocentrismo de los marcos éticos de gobernanza de la IA, y la pregunta sobre qué comunidades epistémicas deben participar en la construcción del mapa civilizatorio que los escenarios del AI 2027 no incluyen, porque simplemente, no existen todavía.
En este sentido, observemos como India es un actor bisagra que se mueve entre la ambición soberana y la dependencia estructural. Esto se puede apreciar en lo que se expuso en el AI India Impact Summit 2026, celebrado el mes de febrero -el primero de la serie organizado por una nación del Sur Global, en el cual reunió a delegaciones de más de 80 países, incluyendo aproximadamente a 20 jefes de estado y 300,000 participantes, con compromiso de inversión superiores a los 200 mil millones de dólares (Rai, 2026). El evento fue concebido bajo el lema de "AI for All" y posicionó a India como el articulador de dicha "tercera vía" entre los modelos estadounidense y chino: una alternativa orientada al bien público cimentada en la tradición india de infraestructura pública digital -Aadhaar, UPI, plataformas de intercambio de datos.
El análisis de Amitendu Palit y Kanika Kaur (Institute for Asian Studies, National University of Singapore, 2026), publicado en el South Asia Scan, número 26, ofrece la perspectiva más honesta sobre las ambiciones y limitaciones de India: la carrera global para liderar la IA avanzada está moldeada por la competencia geopolítica, e India, enfrentando tanto ambiciones estratégicas como restricciones institucionales, sigue debatiendo su camino óptimo.
La aritmética técnica es reveladora. India necesita por ahora, 100,000 GPUs para su objetivo de 2026 y tiene planeado 200,000 para el 2027, pero cada uno de esos chips será diseñado en E.U., a través de las empresas de NVIDIA, AMD, Intel, o en Taiwan con TSMC. India no cuenta por el momento con fabricante de chips de IA. como documenta el Carnegie Endowment for International Peace (2026), la supercomputadora nacional de 8 exaflops acordada en los márgenes del Summit involucra a la empresa estatal emiratí G42 y la empresa estadounidense Cerebras. La soberanía, en este caso, tiene el logotipo al menos dos actores extranjeros.
¿Puede llamarse "tercera vía" a un modelo de desarrollo tecnológico que requiere, para su implementación, los chips del adversario, el capital del aliado y el modelo del competidor? La tensión no invalida el esfuerzo de India, pero si obliga a distinguir entre soberanía como narrativa política y soberanía como capacidad técnica real.
Por lo tanto, India se enfrenta ante un problema epistémico que no logra resolver: los marcos éticos de la IA como imperialismo cognitivo de nuevo cuño. Esto significa que, si incluso, esta nación lograra resolver sus restricciones técnicas, persistiría un problema más profundo: el de los marcos epistemológicos desde los cuales se concibe qué es la inteligencia artificial, para qué existe, qué valores incorpora, y quién tiene autoridad para decidirlo.
Nemorin y Borani de la Universidad de Edimburgo (2026), plantean y formulan el argumento con precisión en su artículo "AI ethics trough a decolonial lens" (AI and Society, vol.41, N° 7, february, 2026), según estos autores los marcos dominantes de ética de la IA siguen estando predominantemente anclados en tradiciones epistemológicas occidentales, fundamentos que han limitado la capacidad de la ética de la IA para relacionarse con ontologías plurales y tradiciones morales no occidentales. Los autores concluyen que estos marcos reproducen jerarquías coloniales de pensamiento y gobernanza dentro del diseño y despliegue tecnológico.
Otra voz experta la tenemos desde Italia, con Simona Tiribelli, de la Universidad de Macerata, en su capítulo "Decolonizing AI Ethics and Governance: Understanding the Impact of AI on Personhood and Identity From Within Indigenous Epistemologies" (Oxford Intersections: AI in Society, Oxford University Press, april, 2026), lleva este argumento hacia su expresión más radical: los conceptos y valores relacionales centrales de las epistemologías Ubuntu, Mapuche (Az Mapu) y Maori están, dice la autora, en su mayor parte ausentes de los enfoques dominantes. No son perspectivas adicionales que necesitan incorporarse: son epistemologías alternativas que desafían los supuestos más básicos sobre qué es un sujeto, qué es el conocimiento, y cuál es la relación más apropiada entre la inteligencia humana y el mundo no humano.
Por su parte, Manoj Sethy en su artículo, "Artificial intelligence and epistemic justice: a decolonial turn through indigenous knowledge systems" (AI and Society, Springer vol.41, 2026), articula la contrapartida propositiva: frente al imperialismo cognitivo de la IA dominante, es necesario reimaginar la IA no meramente como una herramienta tecnológica sino como un constructo sociotécnico moldeado por epistemologías diversas. El objetivo no es la inclusión cosmética, sino la recalibración de fundamentos epistémicos sobre los cuales se construye la IA.
¿Puede una IA entrenada sobre los corpus textuales del capitalismo industrial anglosajón producir fielmente, por ejemplo, una ética del Ubuntu, donde el ser es individual es inseparable del ser comunitario? ¿Puede un sistema diseñado bajo la óptica de la optimización de métricas, el hecho de comprender el Az Mapu de la cultura Mapuche, que no separa la ética de la cosmología ni el conocimiento de la responsabilidad territorial?
Cuando una sola epistemología controla la arquitectura de los sistemas cognitivos más poderosos de la historia, no estamos ante un hecho de la diversidad cultural. Estamos, entonces, ante la versión más sofisticada de la colonización que la humanidad haya producido jamás.
Esto nos lleva a la ausencia que estructura todo. Es el caso particular de América Latina y el problema de producir conocimiento sobre el propio futuro. De acuerdo al análisis de registro de los dos anteriores que este ensayo ha señalado desde el primer apartado como la ausencia más reveladora del mapa geopolítico-intelectual de la IA: la región latinoamericana no aparece como productora de conocimiento en ninguna de las fuentes examinadas. Ni en el AI Index 2026 de Stanford como potencia de publicación académica relevante, ni en el International AI Safety Report 2026 de Bengio como voz que co-determina los marcos de riesgo, ni tampoco en los escenarios que se vislumbran en AI 2027 (Kokotajlo et al., 2026) como región que exponga algo específico en juego.
Esta ausencia tiene causas estructurales: la investigación latinoamericana en IA existe y es significativa, pero circula en ámbitos académicos con menor visibilidad, menor financiamiento y menor capacidad de incidir sobre los estándares técnicos, los marcos regulatorios y las narrativas de riesgo que las comunidades del Norte Global producen y exportan. El resultado es que América Latina- con sus tradiciones filosófica propias, su pensamiento decolonial, su rica diversidad de epistemologías indígenas y sus experiencias concretas de desigualdad digital- consume los marcos que otros producen sobre la tecnología que determinará su futuro, en lugar de co-producirlos.
¿No es esta, precisamente, la forma más actualizada de la dependencia que el pensamiento latinoamericano crítico -de Mariategui a Quijano, de Freire a Escobar- ha diagnosticado durante un siglo como el obstáculo estructural al desarrollo autónomo? La novedad del siglo XXI no está en la dependencia misma sino en su nuevo nombre: dependencia epistémica, amplificada ahora a escala global y operada mediante sistemas de inteligencia artificial entrenados para replicar, a velocidades y escalas inimaginables, exactamente los valores y jerarquías que esa dependencia ha reproducido históricamente.
Expongamos y dejemos las conclusiones abiertas. La idea de construir y crear un nuevo mapa geopolítico-intelectual para una IA humanista, holística y no amenazante. Implica, no cerrar el debate, al contrario, abrirlo con la responsabilidad que corresponde a quien entiende su magnitud. Se proponen seis escenarios-exigencias que las comunidades expertas, académicas, políticas, empresariales, científico-tecnológicas, educativas y culturales deberían asumir como agenda urgente:
- Para las comunidades académicas y científico-tecnológicas. La decolonización de la ética de la IA (Nemorin y Bonami, 2026) requiere financiamiento Sur-Sur para investigación no occidentales, reconocimiento institucional de los sistemas de conocimiento indígenas como fuentes legítimas de orientación para el diseño tecnológico, y revisión crítica de los corpus de entrenamiento sobre los que construyen los sistemas de frontera.
- Para las comunidades políticas y de gobernanza. El escenario que la comunidad política debe construir no es un nuevo tratado multilateral cuya efectividad dependa de la voluntad de las potencias dominantes, sino mecanismos de gobernanza que operen con consecuencias reales e incluso en ausencia de esa voluntad: regímenes de responsabilidad corporativa vinculantes, estándares técnicos de seguridad con verificación independiente, y mecanismos de distribución equitativa de los beneficios de la IA.
- Para las comunidades empresariales. El paradigma de la autorregulación voluntaria -con una mediana de cumplimiento del 18% sobre los propios estándares del sector (airXiv 2512.01166, 2025)- ha demostrado ser incapaz de resolver la brecha de coordinación. La pregunta para el sector empresarial es cuál es su responsabilidad al implementar tecnología cuyas condiciones de producción no comprende ni puede verificar de manera independiente.
- Para las comunidades educativas y culturales. La pedagogía crítica de las IA que este escenario requiere no es enseñar a usar herramientas: es enseñar a interrogar los supuestos de quienes las diseñan, los intereses de quienes las financian, y las consecuencias de quienes no tienen la voz en su arquitectura. Los estudiantes del Sur Global que dependen de la IA generativa por necesidad no están accediendo democráticamente a la tecnología: están en dependencia forzada con una cara amigable (Frontiers in Human Dynamics, 2026).
- Para las comunidades filosóficas, éticas y decoloniales. La crítica al modelo dominante de la IA no puede quedarse solo en el diagnóstico. Necesita producir alternativas conceptualmente precisas para orientar decisiones de diseño técnico. Epistemologías del Sur (Santos, 2015), de pluriverso (Escobar, 2017), de buen vivir: consideradas estas no como mera creación poética cultural, sino como sistemas de conocimiento con consecuencias técnicas directas, sobre cómo se define un agente autónomo, cómo se puede medir la felicidad y el bienestar y cómo se pondera el riesgo colectivo.
- Para la pregunta que todavía no tiene comunidad. La pregunta por una IA humanista, holística y no amenazante -que nazca de la diversidad epistemológica de la humanidad, que no esté al servicio de ninguna carrera de dominación, que incorpore la relacionalidad, la responsabilidad intergeneracional y la sostenibilidad planetaria con valores de diseño- no tiene aun una comunidad institucionalizada que la sostenga con los recursos, la legitimidad y la continuidad que merece.



Comentarios
Publicar un comentario
Se solicita que los comentarios y argumentos sobre las publicaciones de este blog sean: propositivos, reflexivos, críticos, con aportaciones pertinentes en el ámbito de la tecno-pedagogía y la educación del siglo XXI.