Del Neuro-aprendizaje al Neuroliberalismo: ¿Están las Ed-Tech diseñando cerebros eficientes en lugar de ciudadanos críticos? (1a parte)
Vivimos actualmente en una era de fascinación por el prefijo "neuro", sobre todo, con la promesa seductora de lo que algunos expertos denominan del "cerebro optimizado". La neurociencia ha trascendido el laboratorio para convertirse en una especie de lingua franca, es decir, que puede explicar la conducta humana, la felicidad, el fracaso y, de manera prominente el aprendizaje. El "neuro-aprendizaje", el "neuro-marketing" y la "neuro-educación se presentan como la vanguardia del progreso, prometiendo descifrar el código de la eficiencia humana directamente desde su hardware: el cerebro. Esta promesa es particularmente seductora por el hecho de integrarse en el ámbito pedagógico, donde la posibilidad de un aprendizaje perfectamente optimizado y basado en supuesta "evidencia cerebral" parece presentarse como el Grial de la innovación educativa.
Sin embargo, bajo esta superficie de objetividad científica, se erige una sospecha. La justificación de este análisis radica en una coincidencia inquietante: el auge de esta "neurocultura" coincide perfectamente con la consolidación de una ideología neoliberal, centrada en la auto-optimización, la competencia y la responsabilidad individual absoluta. Este texto argumenta que la neurociencia no está siendo utilizada para entender el cerebro, sino para gobernarlo. El debate, por tanto, no es sobre la validez sobre la neurociencia en sí, sino sobre su instrumentalización ideológica.
Surge entonces un cuestionamiento ineludible: ¿Qué ocurre cuando esta promesa de "aprendizaje basado en el cerebro" se encuentra con las demandas implacables de mercado y la eficiencia? ¿Es el "neuro-aprendizaje" una herramienta de liberación cognitiva o, por el contrario, un nuevo y sofisticado mecanismo de control?
La respuesta crítica apunta a la emergencia de lo que se ha denominado "neuroliberalismo". Este concepto no es trivial; describe una forma de "gubernamentalidad conductual" (Whitehead, Jones, y Pykett, 2017) donde el poder ya no necesita coerción externa, pues opera convenciendo al individuo de que debe autogobernarse a nivel neuronal. Ya no basta con ser un "emprendedor de si mismo" en lo económico; ahora debemos ser "emprendedores neuronales", responsables únicos de la arquitectura de nuestra propia mente.
Esta transición ideológica redefine al sujeto. Como señala Rodríguez (2017), transitamos del homo economicus al "sujeto cerebral". En el contexto educativo, esto es radical: si un estudiante fracasa, ya no es un fallo del sistema, de la pedagogía o de la desigualdad estructural. En la lógica neuroliberal, el fracaso se reinterpreta como una gestión neuronal deficiente: el estudiante no fue lo suficientemente resiliente, no optimizó su "plasticidad cerebral" o no gestionó correctamente su "mentalidad" (mindset).
Si esta nueva carga de "neuro-responsabilidad" recae enteramente sobre el individuo (Pitts-Taylor, 2016), ¿Qué papel juegan entonces las tecnologías educativas (Ed-Tech) en este nuevo paradigma ¿Son meros instrumentos neutrales que facilitan el acceso al conocimiento?
Podríamos pensar que difícilmente. Las plataformas Ed-Tech emergen como el vehículo perfecto para la praxis neuroliberal. Se convierten en "tecnologías del yo" (Thorhauge, 2023) por excelencia, ofreciendo la interfaz mediante la cual el estudiante puede (y debe) monitorear, medir y "hackear" su propio proceso cognitivo. Estas aplicaciones no solo entregan contenido; activamente moldean al sujeto, entrenándolo en la auto-optimización constante.
El contraste de posturas es evidente. Por un lado, los defensores de las Ed-Tech celebran la personalización algorítmica y el aprendizaje adaptativo como el cénit de la instrucción individualizada. Por otro lado, críticos como Valle (2021) advierten sobre esta "deriva neuroliberal" de la educación, donde la obsesión por la eficiencia cognitiva y las "competencias cerebrales" disuelve la dimensión social, política y, sobre todo, crítica del acto de aprender.
Para navegar esta controversia, este ensayo se estructurará en tres apartados. En esta primera sección, hemos establecido el contexto y la justificación del problema, definiendo el marco conceptual del neuroliberalismo y su preocupante intersección con la narrativa del "neuro-aprendizaje" y la responsabilidad individual.
En el segundo apartado, pondremos el microscopio sobre las plataformas Ed-Tech, analizando cómo sus arquitecturas algorítmicas (la gamificación, el feedback instantáneo, el learning analytics) funcionan como los instrumentos concretos de la gubernamentalidad neuroliberal. Finalmente, en el tercer apartado, discutiremos la consecuencia última de este modelo: el reemplazo del ideal de un "ciudadano crítico" por el de un "cerebro eficiente" y dócil, adaptado permanentemente a las demandas del mercado.
Hemos hasta este momento, dibujado el mapa del territorio y definido los actores ideológicos. La pregunta ahora es cómo opera la maquinaria en la práctica. En el siguiente apartado, nos adentraremos en el diseño de las Ed-Tech para desvelar cómo sus algoritmos y métricas se convierten en la pedagogía invisible que entrena al nuevo "sujeto cerebral".



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