Del Neuro-aprendizaje al Neuroliberalismo: ¿Están las Ed-Tech diseñando cerebros eficientes en lugar de ciudadanos críticos? (2a parte)

 Como establecimos en el apartado anterior, el neuroliberalismo opera reconfigurando al individuo como un sujeto cerebral (Rodríguez, 2017), cargándolo con la responsabilidad total de su optimización cognitiva (Pitts-Taylor, 2016). Ahora debemos analizar el "cómo". Si el neuroliberalismo es la ideología, las tecnologías educativas (Ed-Tech)- con sus arquitecturas de feedback instantáneo, learning analytics y gamificación-se están convirtiendo en su principal vector de implementación, su pedagogía invisible.

Esta implementación no es accidental, ni tampoco es parte de dicha gubernamentalidad conductual-algorítmica (Rodríguez, 2018; Whitehead, Jones y Pykett, 2017). Ya no solo se trata de "empujones" (nudges) sutiles, sino de un sistema datificado que aprende del usuario para modular su comportamiento real, transformando la educación en un circuito de control psicopolítico.

¿Cómo se materializa esta gubernamentalidad algorítmica en la interfaz de una plataforma de e-learning promedio? La respuesta inmediata se encuentra en los omnipresentes Learning Analytics (Analíticas de Aprendizaje).

Estos dashboards o paneles de analíticas, que registran el tiempo de conexión, las tasas de acierto y la "persistencia", se presentan como espejos objetivos del rendimiento. Sin embargo, son "tecnologías del yo" (Thorhauge, 2023) profundamente ideologizadas. No miden la reflexión o la duda; miden la eficiencia y la velocidad. El estudiante es entrenado para ver su aprendizaje no como un proceso, sino como un conjunto de métricas a optimizar, asumiendo así la "neuro-responsabilidad" (Pitts-Taylor, 2016) de su propio rendimiento cuantificado.

La controversia es inevitable. Los defensores de las Ed-Tech argumentan que estas analíticas empoderan al estudiante, dándole "control" sobre su aprendizaje. Desde una perspectiva crítica, sin embargo, este supuesto control es una ilusión. Como advierte Valle (2016) sobre la "deriva neuroliberal", lo que se mide (y, por tanto, lo que se valora) es la performance de competencia aisladas, no la comprensión profunda, la conexión social o la capacidad de disentir.

¿Qué sucede entonces con el aprendizaje a través de la gamificación? ¿No son las insignias, los puntos y las tablas de clasificación (leaderboards) simples formas de hacer el aprendizaje más "atractivo" y "divertido"?

En la lógica neuroliberal, la gamificación es cualquier cosa menos un juego inocente. Es la instrumentalización directa de los circuitos de recompensa dopaminérgica del cerebro. Como señala García-Jaén (2018), esto es psicopolítica aplicada: se utiliza la arquitectura cerebral no para emancipar, sino para generar adicción al feedback positivo y entrenar la competitividad. El estudiante no aprende a amar el conocimiento, sino a desear el siguiente badge, la siguiente recompensa digital.

El contraste de posturas es radical. Mientras la pedagogía humanista buscaría fomentar la motivación intrínseca y la curiosidad, el diseño gamificado de las Ed-Tech cultiva la motivación extrínseca y la comparación constante. El "sujeto cerebral" (Rodríguez, 2017) es relacionado para responder a estímulos y recompensas, adaptando su cerebro a las reglas del juego que la plataforma impone.

¿Cuál es el resultado pedagógico de una arquitectura dominada por analíticas de rendimiento y ciclos de recompensa conductual? La fragmentación del conocimiento. El "aprendizaje adaptativo", buque insignia de las Ed-Tech, promete una ruta personalizada, pero a menudo entrega una burbuja de filtros donde el estudiante solo interactúa con contenido pre-digerido y optimizado, eliminando la fricción, el error productivo y el debate con pares, elementos esenciales del pensamiento crítico.

Es a través de esta arquitectura tecnológica, que por tanto, no se muestra como mero contenedor neutral para el contenido. Es la pedagogía. Es una pedagogía invisible que, bajo la promesa de optimización cerebral, entrena al estudiante en los valores centrales del neuroliberalismo: eficiencia cuantificable, competencia individual y adaptación perpetua.

Hemos desensamblado la maquinaria de las Ed-Tech, revelando cómo sus algoritmos y diseños sirven como los instrumentos de gubernamentalidad neuroliberal. La pregunta final es aterradora: si esta es la pedagogía ¿Cuál es el producto? ¿Qué tipo de sujeto se gradúa de este sistema?

En el próximo y último apartado, analizaremos la disyuntiva final: la formación de un "cerebro eficiente" diseñado para obedecer, frente al ideal de un "ciudadano crítico" capaz de transformar.

     

Comentarios

Entradas populares