El Ocaso de la Autonomía: Reflexiones sobre la Colonización Algorítmica del Pensamiento (3a parte)

Ahora, en este último apartado, centremos el análisis reflexivo hacia la denominada tecno-dependencia y su posibilidad de transformarla en una propuesta de alfabetización crítica, es decir, el desafío que esto representa para las universidades en América Latina.

Aterrizando las teorías expuestas por Gesnot (2025), en el complejo ecosistema de la educación superior latinoamericana. Analizaremos, de la mano de Fabiana Grinszjtan (2024), si nuestras universidades están preparadas para un cambio de paradigma que exige pasar de la eficiencia operativa a la dimensión tecnopedagógica de la conciencia crítica algorítmica. El reto no es sólo técnico, sino ético: ¿Cómo preservar la esencia de lo humano en procesos de enseñanza y aprendizaje que parecen estar hoy mediados por cajas negras algorítmicas?

¿Están las universidades de América Latina diseñadas para formar sujetos críticos o simplemente para producir operarios de una tecnología que quizás no comprenden. En ese aspecto, Gesnot advierte que la educación global enfrenta una crisis de propósito, pero visto desde la región, este desafío se magnifica por la brecha digital. Para Grinsztajn (2024), el impacto de la inteligencia artificial generativa (IAG) en el ámbito académico universitario nos obliga a repensar no solo qué enseñamos, sino el valor mismo de la formación profesional en un mundo cambiante automatizado.

Así, observamos que la dimensión tecnopedagógica en el contexto de la región suele verse reducida al acceso a dispositivos, olvidando la necesidad de formación ética profunda. Grinsztajn (2024) sostiene que la universidad debe ser el espacio de excelencia para la "reflexión sobre la práctica", donde la IA no sea un fin, sino un objeto de interrogación constante y permanente. A diferencia de la visión de eficiencia que Gesnot cuestiona, en el contexto latinoamericano, el riesgo es que la IA profundice las desigualdades si no se integra desde una perspectiva de justicia social.

Un desafío fundamental para la región es la transición hacia la conciencia crítica algorítmica colectiva. Como señala Gesnot (2025), el pensamiento humano se debilita cuando acepta lógicas ajenas; para Grinsztajn, esto implica que las instituciones de educación superior deben liderar el entrenamiento de una mirada que detecte sesgos y limitaciones. En América Latina, esto significa que dicho entrenamiento educativo debe priorizar la soberanía del conocimiento frente a la homogeneización algorítmica que imponen las plataformas del Norte Global.

¿Están los docentes universitarios preparados para mediar en una aula donde la IA puede generar respuestas inmediatas pero carentes de contexto ético y laboral? La postura de Grinsztajn (2024) es clara: la IA desafía la "autoridad del saber" tradicional. El maestro debe dejar de ser el único proveedor de información para convertirse en un facilitador de la duda metódica, algo que Gesnot considera vital para evitar que los estudiantes se conviertan en meros consumidores pasivos de datos procesados.

Desde la dimensión psicopolítica de la educación, significa que el uso de la IA en las universidades platea el riesgo de la estandarización del pensamiento académico. Si los sistemas de evaluación se automatizan únicamente basándose en la analítica de datos, ¿qué espacio queda para la originalidad disruptiva del investigador latinoamericano? Gesnot alerta que la valoración ética debe anteponerse a la métrica, una idea que Grinsztajn refuerza al proponer evaluaciones que premien el proceso reflexivo y no solo el resultado final.

La resignificación humana en el aula implica rescatar la "fricción cognitiva" de la que hace mención Gesnot, pero adaptándola a las necesidades de la región. En ese sentido, Grinsztajn (2024) destaca que la IA en la educación superior debe servir para potenciar las capacidades creativas, no para sustituirlas. En América Latina, donde a menudo la universidad es a menudo el motor de movilidad social, permitir que la IA reemplace el esfuerzo intelectual, es en palabras de Gesnot, una nueva forma de colonialismo cognitivo.

Vale la pena entonces plantear ¿si es posible cultivar una inteligencia colectiva que use la IA sin renunciar a la identidad cultural académica propia? El contraste entre la visión de Gesnot  y la realidad de los currículos universitarios revela una desincronización preocupante. Grinsztajn sugiere que la transición hacia una conciencia algorítmica colectiva requiere de un pacto ético institucional que defina los límites de la IA, asegurando que el estudiante mantenga siempre la autoría y la responsabilidad de su saber y formación profesional.

En la dimensión cibercultural, la educación superior debe enfrentar la "cultura de la inmediatez" que la IA fomenta. Gesnot (2025) propone una pedagogía de la lentitud, y Grinsztajn coincide al señalar que el pensamiento complejo requiere tiempos que la IA ignora. En América Latina, donde el diálogo y la construcción comunitaria son pilares del aprendizaje, delegar la interacción al chatbot puede erosionar la capacidad de los futuros profesionales para resolver conflictos sociales reales mediante la palabra.

La valoración ética de la IA en los procesos de aprendizaje no puede ser un "anexo" del currículo, sino una columna vertebral. Grinsztajn (2024) argumenta que la educación superior debe formar expertos en "curaduría de conocimiento". Solo así, contrastando con la postura de "caja negra" que Gesnot critica, podemos formar ciudadanos capaces de interpelar a los algoritmos y de construir soluciones tecnológicas que respondan a las problemáticas específicas de nuestras comunidades.

¿Qué futuro le espera a la autonomía del pensamiento si la universidad claudica ante la eficiencia de las megacorporaciones? La respuesta de Gesnot es clara: la educación debe ser el último reducto de lo "impredecible". En América Latina, esto significa fortalecer las humanidades digitales, un campo donde Grinsztajn ve la oportunidad de hibridar el rigor académico con las potencias de la IA, siempre y cuando el juicio humano permanezca en el centro de la decisión.

Finalmente, este apartado concluye con un cambio de paradigma tecnopedagógico considerado ya como urgencia humanista. Los sistemas de educación superior en la región están ante la oportunidad histórica de liderar un camino de transición hacia una IA situada y ética. En un mundo donde la IA puede ayudarnos en darnos las respuestas más cercanas posibles al contexto real inmediato, local comunitario, regional y mundial. Por eso la misión de estas instituciones académicas universitarias, es también, enseñarnos a formular preguntas que nos mantengan despiertos y soberanos.

   

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