Mentes en Red, Almas en Silencio: El Horizonte Psíquico en la Era del Silicio (2a parte)
En este apartado, vamos a dar un breve vistazo de análisis sobre lo que muchos expertos teóricos de las generaciones han señalado como la llamada "generación cristal" que se mira ante el espejo de silicio: Centenials y Alpha.
El impacto de las tecnologías digitales en niños, adolescentes y jóvenes representa hoy en la actualidad, uno de los desafíos más urgentes para el campo de estudio de la neuropsicología del desarrollo. Es el caso de los llamados Centenials (Generación Zeta) y la emergente generación Alpha, son considerados grupos humanos cuya arquitectura cerebral han moldeado la interacción simbiótica con algoritmos de Inteligencia Artificial (IA). Cabe la pregunta: ¿Qué queda de la subjetividad y la construcción de la identidad cuando el "yo" se edita, se filtra y se somete al escrutinio de una audiencia global antes de estar plenamente formado? Según la Organización Mundial de Salud (OMS, 2021), los trastornos mentales representan el 16% de la carga mundial de enfermedades en personas de 10 a 19 años, una cifra que encuentra en el entorno digital un catalizador crítico.
Para los jóvenes actuales, la búsqueda de identidad se convierte en una construcción líquida, es decir, que no sucede en la intimidad, sino en el escaparate del feed. La Mental Health Foundation (2022) ha documentado un aumento drástico considerable en los niveles de ansiedad social vinculados a la necesidad de mantener una "perfección digital". La IA generativa, que es ahora, capaz de crear imágenes de cuerpos irreales, ha llevado a la dismorfia corporal a niveles sin precedentes; estudios de Vogel et.al. (2021) sugieren que la comparación social ascendente en plataformas digitales se convierten en un predictor directo de baja autoestima y trastornos de la conducta alimentaria de los adolescentes.
La neurobiología del desarrollo advierte que el cerebro joven es particularmente susceptible a los mecanismos de "diseño persuasivo". Los bucles de dopamina generados por la gratificación instantánea de los "likes" compiten con los procesos de maduración de la corteza prefrontal. Investigaciones publicadas por el Child Mind Institute (2023) indican que la sobreestimulación puede estar fragmentando la capacidad de atención sostenida. Como señala la neuropsiquiatría contemporánea, el cerebro adolescente, en plena poda sináptica está siendo "cableado" para la inmediatez, lo que dificulta el desarrollo de pensamiento profundo y la autorregulación emocional.
El fenómeno del FOMO (Fear of Missing Out) ha evolucionado hacia una ansiedad por la optimización constante del perfil digital. El joven no solo teme la exclusión, sino que siente la presión de ser "estético" y productivo en todo momento. Esta vigilancia constante elimina el "tiempo muerto", estado que la American Psychological Association (APA, 2022) considera fundamental para la creatividad y la consolidación de la memoria. Sin estos espacios de silencio digital, la joven psique entra en un estado de agotamiento cognitivo que ha menudo se manifiesta como anhedonia o desinterés por el mundo físico.
En el periodo de la infancia, como es el caso de la generación Alpha, el impacto es aun más estructural. La exposición temprana a dispositivos y pantallas considerados como "pacificadores emocionales" impide que el niño desarrolle mecanismos internos para regular su frustración. La Academia Americana de Pediatría (AAP, 2023) advierte que la mediación excesiva de pantallas en los primeros años de vida se puede asociar con retrasos en el desarrollo del lenguaje y las habilidades sociales. La pregunta detonadora surge con fuerza: si la IA puede simular empatía y compañía mejor que un entorno humano ausente, ¿estamos delegando la formación del apego a sistemas de conciencia ética?
La soledad, es paradójicamente, la epidemia silenciosa de la generación más conectada de la historia. El MIT Media Lab (2022) ha explorado cómo la mediación tecnológica hace que las interacciones sean menos "riesgosas" pero también menos gratificantes. Al evitar el conflicto real y el contacto cara a cara, los jóvenes pierden la oportunidad de desarrollar la empatía afectiva. La Mental Health Organization (2023) destaca que la falta de vínculos significativos en el mundo físico es uno de los principales predictores de la ideación suicida en jóvenes de 15 a 24 años.
La salud mental académica también se ha transformado debido a la IA generativa. Es a través del uso de estas herramientas que pueden ser usadas para la realización de tareas escolares está creando una crisis de autoeficacia. Según estudios de la UNESCO (2023) sobre la educación y tecnología, muchos jóvenes reportan sentimientos de "impostura" al comparar sus capacidades con la infalibilidad de la máquina. Este contraste genera un desincentivo para el esfuerzo intelectual, lo que a largo plazo podría derivar en una generación con altos niveles de técnica pero con una fragilidad extrema ante el error y la crítica.
Por ejemplo, cifras de la OPS (2022) señalan que las tasas de autolesiones en adolescentes ha crecido en paralelo con el tiempo de exposición a algoritmos que promueven ideales inalcanzables. La comparación social mediada por la IA crea una "jerarquía de valor humano" basada en métricas de popularidad que destruye su autoestima. La falta de supervisión adulta en estos territorios virtuales deja a los jóvenes a merced de dinámicas de grupo tóxicas donde la validación digital se convierte en la única moneda de cambio aceptable para la supervivencia social.
Contrastando con la visión neuropsiquiátrica, autores como Haidt (2024) sugieren que estamos ante una "generación ansiosa" debido al fin de la infancia basada en el juego físico y el inicio de la infancia basada en los teléfonos móviles inteligentes. La evidencia clínica apunta a que entorno digital no es un espacio neutro, sino un entorno disruptivo que agrava síntomas de TDAH y trastornos del espectro autista. La plasticidad cerebral se está adaptando a un mundo que prioriza la velocidad del procesamiento de memoria sobre la integración emocional de las experiencias.
El reto de la identidad en la era digital también pasa por la despersonalización. Con el auge de los deepfakes y los perfiles falsos, los jóvenes habitan una realidad donde la verdad es opcional. Esta erosión de la realidad objetiva dificulta la consolidación del "yo" estable, llevando a estados de disociación. Como señala la Mental Health Foundation (2021), la búsqueda obsesiva de una "autenticidad" que debe ser validada por un algoritmo y después por la comunidad de participantes en las redes sociales es, en sí misma, una posible fuente de de neurosis contemporánea.
Como reflexión de cierre, es imperativo reconocer que los jóvenes no son "de cristal" por debilidad intrínseca, sino que ellos habitan un ecosistema de una dureza digital sin precedentes históricos. La salud mental de los Centenials y Alpha no se recuperará mediante la prohibición, sino a través de lo que la OMS (2022) denomina "alfabetización emocional y digital". En ese sentido, debemos transitar hacia un modelo que les permita recuperar su soberanía psíquica y entender que su valor humano reside fuera del espejo de silicio que hoy domina sus vidas.
De ahí, que sea necesario y urgente plantear los retos y desafíos para el sector salud que vayan orientados a crear una metodología clínica de lo virtual. Aspecto a ser abordado en el tercer apartado.



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