Cibercultura y Sociedad Disruptiva: Impactos de la Automatización en la Educación del Presente y Futuro (3a parte)

Abrimos el apartado con la siguiente pregunta, para pensar lo que podría vislumbrarse como una educación del futuro: ¿Cómo vamos a redefinir la humanidad en una sociedad automatizada?, podríamos entonces, pensar que la educación será una experiencia personalizada y completamente inmersiva, posiblemente mediada por cerebros-computadora y realidades virtuales. Las habilidades humanas más revalorizadas serán la creatividad, la empatía y la capacidad para resolver problemas complejos. Sin embargo, la desigualdad tecnológica y la dependencia de sistemas automatizados podrían plantear desafíos éticos y sociales profundos.

En ese sentido, sobre estos supuestos, podríamos enriquecer la reflexión, de acuerdo a lo que expone Alejandro Piscitelli (2002), lo plantea y expone en su libro Cibercultura 2.0. En la era de las máquinas inteligentes, que de alguna manera se asocia con los impactos que dicha sociedad automatizada traen consigo. El autor plantea que la forma dinámica en que las redes, los hipertextos, la idea y conformación del groupware, producto creado por la sociedad de la información y de las redes (Castells, 1999), y las realidades virtuales están redefiniendo la subjetividad y los objetivos políticos de la sociedad, porque plantean a su vez, nuevas formas de comunicación.

Implica para Piscitelli una verosimilitud de lo simulado y la presencia multidimensional y multimediática de las experiencias que pueda adquirir una persona o determinada comunidad en un plano colectivo de interacción. El autor hace mención sobre la interfaz lograda entre humanos y las posibilidades que le puede brindar la presencia de agentes automatizados, un tema que será abordado en una siguiente publicación, capaces de orientar la búsqueda de los usuarios potenciales conectados en el ciberespacio, de modo que el proceso de filtrar los datos y asesorar las consultas de información, que posteriormente podrán ser compartidas entre otros usuarios, convierte ese instante, la experiencia humana en una historia que se narra, que se adquiere un tipo de experiencia individual que le confiere dicha interfaz para convertirla en actos de conversación e intercambio de ideas, emociones y sentimientos entre las personas que estén participando en esos entornos virtuales electrónicos multimedia, o de aquellos otros que tienen, también, la posibilidad de experimentar entornos transmedia (tema ya abordado en otra publicación). La experiencia se vuelve parte de esas comunidades, no solo de las personas que logran estar conectadas en internet o en los metaversos propios de los videojuegos.

Otro enfoque que puede ayudarnos en comprender de qué manera se podría pensar sobre los posibles impactos de la automatización en la educación de ese futuro inmediato, lo podemos obtener del texto de Katherine Hayles (1999), How Became Posthuman: Virtual Bodies in Cybernetics, Literature and Informatics; la autora establece las bases para comprender cómo las interacciones entre humanos y las tecnologías reconfiguran la ontología cognitiva y social. Tres décadas después, sus postulados sobre la cognición distribuida, la materialidad de los ensamblajes técnicos y la crítica al excepcionalismo humano, adquieren renovada vigencia ante los desafíos educativos planteados por la inteligencia artificial, los metaversos y la datificación masiva. El análisis de Hayles se centra en cuatro ejes teóricos clave: a) la desestabilización del sujeto autónomo; b) la interdependencia consciente/no consciente; c) la ética de los ensamblajes cognitivos; y, d) redefinición de la agencia-que de algún modo replantea el papel de la pedagogía en contextos de automatización consciente.

La autora crítica el mito fundacional del humanismo, argumenta que la noción de un sujeto racional autónomo, dueño de su voluntad y separado de su entorno material, propone entender la cognición como proceso distribuido que emerge de interacciones entre sistemas biológicos, técnicos y ambientales. Este paradigma resulta crucial para analizar, por ejemplo, prácticas educativas contemporáneas donde plataformas algorítmicas, sensores biométricos y entornos virtuales median más los procesos de aprendizaje. Pone de ejemplo el llamado sistema ATSAC en la ciudad de Los Ángeles, el cual combina decisiones humanas conscientes, reconocimiento no consciente de patrones y procesamiento algorítmico- esto ilustra como los ensamblajes cognitivos trascienden la dicotomía humano-máquina. En educación, esto se manifiesta en sistemas adaptativos que ajustan contenidos según respuestas fisiológicas (ritmo cardiaco, movimiento ocular), y patrones de interacción digital, creando bucles de retroalimentación donde la agencia se distribuye entre estudiantes, docentes y plataformas.

En cuanto a la corporalidad y cognición no consciente, la autora reivindica los procesos cognitivos encarnados: la digestión, respuestas emocionales, reconocimiento gestual como reconocimiento de toda experiencia educativa. Este planteamiento cuestiona modelos pedagógicos centrados exclusivamente en resultados cuantificables, destacando la importancia de diseñar entornos que integren dimensiones afectivas y somáticas. Dispositivos como sociómetros (análisis grupal mediante biodatos), pueden evidenciar posibilidades como riesgos. Su aplicación en las aulas podría optimizar estrategias colaborativas, pero también generar nuevas formas de vigilancia educativa. Por eso la advertencia de Hayles, es la de aplicar la ética en todas las fases del diseño tecno-pedagógico.

En cuanto a la ontología relacional entre cibercultura y educación, la concepción haylesiana de lo que la autora denomina como agencia distribuida desafía el modelo transmisivo tradicional, es decir, el ejercicio unidireccional entre docentes y currículos. En su lugar, emerge un modelo basado en una red de actores heterogéneos: algoritmos recomendadores, chatbots tutores, avatares en metaversos y estudiantes que interactúan mediante extensiones metacorporales.

Este escenario exige replantear la alfabetización digital como competencia relacional, enfocada en negociar significados dentro de ensamblajes humano-técnicos. Estriba en que no basta con enseñar a usar herramientas tecnológicas; se requiere desarrollar una conciencia crítica sobre cómo éstas herramientas reconfiguran nuestros modos de atención, memoria y sociabilidad. Es lo que también plantea Piscitelli, lo que él define como parte de la metamorfosis cognitiva. Otro aspecto de reflexión y crítica de Hayles, toma relevancia en cuanto a lo que argumenta respecto a "infotecnificación" educativa descrita en la fase del tecnoceno, al analizar como el uso de la datificación transforma la experiencia de aprendizaje. Por ejemplo, señala que las plataformas que cuantifican cada interacción estudiantil generan dobles digitales educativos, perfiles predictivos que influyen en trayectorias educativas, haciendo referencia a sistemas que "filtran e interpretan datos condicionan la intervención humana. 

Retomando esos puntos de reflexión crítica de Hayles, podría ser una propuesta de ensamblajes cognitivos responsables que impliquen: diseñar sistemas que preserven márgenes de opacidad e impredictibilidad en los datos educativos; garantizar la interoperabilidad entre plataformas para evitar cámaras eco algorítmicas; incorporar mecanismos de auditoria ética continua en herramientas de IA educativa.

El hecho de pensar en pedagogías poshumanas, traería desde la reflexión de Hayles, los siguientes principios y aplicaciones. Una educación basada en ensamblajes que puedan reconocer el proceso de aprendizaje pueda ocurrir en flujos transmediales que atraviesen espacios físicos, digitales y aumentados. Podría ser a través de un proyecto en metaverso que pueda implementarse, por ejemplo, en la historia del arte que podría integrar: avatares guiados por IA que contextualicen obras en su época; sensores de movimiento que adapten la narrativa según la atención del estudiante; la creación de bases de datos colaborativas donde los estudiantes contribuyan con interpretaciones.

Retomando las críticas de Hayles a las dicotomías descripción/interpretación, surge la necesidad de construir una hermenéutica algorítmica cuya capacidad para leer entre capas de procesamiento técnico (código, datos, entrenamiento, parámetros de diseño), y sus efectos en la producción de significados educativos, se podrían plantear el desarrollo de actividades en las que estudiantes y docentes podrían aprender a enseñar a rastrear cómo los sesgos en datasets afectan contenidos recomendados; analizar críticamente la economía política detrás de plataformas educativas; experimentar con herramientas IA de código abierto (por ejemplo, DeepSeek, etc.), que permitan modificar parámetros algorítmicos.

Para finalizar el apartado, dejamos abierta la siguiente reflexión que pueden tener varias vertientes y conexiones distintas y diversas. ¿Cuáles serían entonces, los desafíos de educomunicación en la era posthumana? Implicaría proponer que se establezca una conciencia infraestructural: comprensión de cómo capas técnicas (servidores, protocolos, APIs) condicionan prácticas educativas; creación de un proceso de alfabetización de no conocimiento, es decir, habilidad para operar con sistemas cuyos funcionamientos internos son opacos; establecer un marco basado en la ética de la fragilidad, con la cual permita el reconocimiento de la vulnerabilidad mutua en ensamblajes humanos-técnicos. 

Esto nos lleva a considerar también, sobre políticas educativas para ensamblajes cognitivos, porque si bien, las instituciones actuales enfrentan el reto de regular entornos donde la agencia pedagógica se distribuye entre estudiantes, docentes, algoritmos y dispositivos. Algunas directrices emergentes podrían ser la de establecer marcos de responsabilidad para sistemas educativos basados en IA, exigiendo transparencia en criterios de toma de decisiones. Garantizar la soberanía cognitiva mediante opciones de desconexión y modos analógicos alternativos. Y por último, promover diseños centrados en la equidad cognitiva reconociendo diversos modos de interacción humano-técnica, como ejemplo innovador se podría implementar "consejos de inteligencia artificial" en escuelas y universidades, donde docentes, estudiantes e ingenieros puedan co-diseñar protocolos éticos para el uso de herramientas educativas. Un largo camino le espera aun a la humanidad y a la actual civilización para que logre sus metas en las siguientes décadas.       

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