Guerra Cognitiva y Conflictos Ideológicos en la Era de la IA (3a parte)
En este apartado veremos cómo se construye la narrativa en el ámbito educativo. Es decir, el metadiscurso del llamado "merito individual", el cual sostiene que el éxito académico y profesional depende exclusivamente del esfuerzo personal. Este discurso explícito oculta las desigualdades estructurales que influyen en el acceso a las oportunidades educativas y perpetúa la idea de quienes fracasan por falta de voluntad o talento.
Un ejemplo de ello, lo podemos observar en muchos sistemas educativos, cuando utilizan criterios para la aplicación de exámenes estandarizados que se presentan como herramientas imparciales para medir el mérito de los estudiantes. Sin embargo, este metadiscurso ignora las barreras socioeconómicas que afectan el rendimiento, como la falta de recursos en escuelas marginadas o las diferencias de acceso a la tecnología.
El metadiscurso, se implementa como parte de la narrativa oficial de mediación entre los intereses facticos hegemónicos, cuyo propósito a largo plazo, será la consolidación de élites mundiales que tejen el entramado mundial, bajo el auspicio de mantener los puntos o nodos de equilibrio a sus propias agendas de adiestramiento que les sean suficientemente favorables para continuar manteniendo el estatus quo del sistema, al costo que sea, aunque esto implique la pérdida de vidas humanas, como parte de una ofrenda holocausto, antesala del infierno en la tierra de los vivos.
Otra faceta de dicho metadiscurso, se puede también representar mediante el proceso de adoctrinamiento ideológico en los currículos como muestra del poder de legitimación oficial y dominio cuyo objetivo principal es moldear identidades colectivas. Por ejemplo, utilizan narrativas extraídas de la Historia que pueden llegar a omitir o minimizar los impactos del colonialismo, presentándolo más como un proceso civilizatorio que como un sistema de explotación. Esto es lo que se representa con la elaboración de libros de texto gratuitos en América Latina, los manuales muestran el "encuentro de culturas", un proceso de colonización para cubrir lo que en realidad sucedió durante esa fase de la historia: un proceso de conquista violenta. Este metadiscurso refuerza la narrativa hegemónica de las potencias colonizadoras y silencia las voces de los pueblos nativos, la visión de los vencidos, como lo abordaría en su momento, Miguel León Portilla (1995).
La otra estrategia táctica que pueden emplear los que tienen el dominio y control, usan el poder del Estado, son la versión oficial de los hechos para legitimar su forma de gobierno y desacreditar a los opositores por cualquier medio. El uso del metadiscurso cobra relevancia, cuando se crea la narrativa del "enemigo común", y establece una serie de formas narrativas audiovisuales de comunicación, para identificar un discurso explícito que intenta buscar la "unión del pueblo", en torno a una causa, pero implícitamente legítima para promover la idea de políticas de exclusión y de violencia hacia el "otro", que puede causarle problemas en su proyecto de cúpula y regimen de gobierno. Un ejemplo, es cuando se intentó promover durante la pandemia del COVID 19, que se trataba de un "virus chino". Con este discurso reforzó la xenofobia y legitimó actitudes discriminatorias hacia comunidades asiáticas en diferentes partes del mundo. Fue empleado como táctica geopolítica.
En tiempos contemporáneos cuando se propagan publicaciones en periódicos impresos y especialmente, en las redes sociales, las llamadas "fake news", es parte de una cultura de desinformación, pero también de arma distractora para desviar la atención de las audiencias a temas que requieren ser atendidos de manera urgente por el sistema oficial del gobierno. Un ejemplo claro de esta forma de manipular a modo, lo tenemos en México, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Bolivia, donde los representantes ejecutivos de dichos regímenes de corte populista, utilizan los medios de comunicación para propagar su ideología partidista de adoctrinamiento, de los que dicen defender posturas que provienen principalmente desde la Guerra Fría, y sus antecedentes que rememoran hasta el cansancio sobre un sistema económico de producción de corte socialista o comunista, que ahora se embanderan como precursores progresistas o soberanistas en contra de la otra visión de corte globalista, el metadiscurso de la nueva izquierda latinoamericana, con las dolencias y malestares de su origen.
Si combinamos estos metadiscursos, el de la educación con la comunicación, lo que da como resultado, es una narrativa que puede mostrarse ante la sociedad como parte de una estrategia periodística y de propaganda demagógica, la cual sostiene que los medios informan de manera neutral sin sesgos. Sin embargo, implícitamente, esta narrativa combinada, enmascara las decisiones del Estado para legitimar el uso del poder, para privilegiar ciertos temas y contenidos curriculares o perspectivas en función de los propios intereses políticos y económicos que se muestran ante la opinión pública, ante los padres de familia, como algo relevante para el "Bienestar del Pueblo", arma predilecta empleada en los discursos mediáticos de los funcionarios públicos del gobierno en turno, utilizado solo para emancipar su imagen personal y el de sus familias (clanes de la oligarquía nacional).
Esta es la parte contextual y situacional de la utilización del metadiscurso, pero ahora ya visto desde la óptica reflexiva crítica de autores como el aporte de S. Zuboff (2019), que analiza el "capitalismo de vigilancia", y cómo las grandes corporaciones tecnológicas recopilan datos para manipular comportamientos y moldear decisiones del colectivo. Aunque su enfoque es tendiente al análisis económico, la obra de la autora aporta una base fundamental para entender cómo las plataformas digitales son utilizadas como herramientas en la guerra cognitiva. Señala que el uso de los algoritmos y datos en la manipulación cognitiva es esencial para comprender las tácticas empleadas en esta guerra cognitiva a nivel global geopolítica.
Las significativas aportaciones del filósofo Jean Braudrillard (1991), aunque es anterior al auge de la guerra cognitiva, analiza cómo los medios de comunicación crean una "hiperrealidad", es decir, donde las percepciones y simulaciones reemplazan la realidad objetiva. Este concepto es clave para entender cómo las narrativas manipuladas pueden convertirse en armas en la guerra cognitiva. Su teoría de la simulación y el hiperrealismo se aplican de manera indistinta directamente en las estrategias de manipulación mediática, en canales oficiales, noticieros, corporaciones que controlan canales de "streaming", redes sociales, uso de bots y trolls pregoneros y difusores de información falsa sesgada con claras intensiones de favorecer al Estado, a la empresa, y a los que están detrás del escenario mundial, muy favorecido para enriquecer el imaginario colectivo conspiratorio.
La conclusión podría ser tentativa, puesto que habría que profundizar, las verdaderas dimensiones que actualmente impactan en la sociedad de la era digital y de la IA, los conflictos cognitivos seguirán activos hasta que las estrategias geopolíticas de los gobiernos más poderosos del mundo, cambien su postura de dominio, y opten de manera colaborativa a fin de lograr la existencia de un verdadero estado de mejora en la calidad de vida de sus ciudadanos, de mientras, seguiremos observando como continúan gastando millones y millones de dinero en la creación de nuevas armas de control mental y social: la psicopolítica sesgada de los algoritmos al servicio del poder.
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