El Ocaso de la Autonomía: Reflexiones sobre la Colonización Algorítmica del Pensamiento (1a parte)

 En la presente y nueva publicación para dar inicio al 2026, el tema que se aborda tiene relación con la exploración de grietas que la inteligencia artificial (IA) está generando en la estructura del pensamiento humano, tomando como eje el reporte de investigación de Rénald Gesnot (2025). En este caso, nos adentramos en un análisis que trasciende la fascinación técnica para cuestionar si estamos en presencia de una "amplificación" o una "atrofia" de nuestras propias facultades. Esto será abordado a través de tres dimensiones críticas -la descarga cognitiva, la manipulación psicopolítica y la alternativa de una posible transformación tecnopedagógica- en ese sentido, se comparará la visión de Gesnot con otros autores que han publicado al respecto del presente tema a fin de entender si el precio de la eficiencia es nuestra propia soberanía intelectual como principio fundamental de salvaguarda de nuestra libertad humana, en tiempos de incertidumbre y caos.

En este primer bloque, analizamos cómo la delegación de procesos mentales transferidos a sistemas de Inteligencia Artificial Generativa (IAG) no representa únicamente un ahorro de tiempo, sino una transformación estructural de nuestra arquitectura cognitiva. A partir del reporte de Rénald Gesnot (2025),nos proponemos examinar la "descarga cognitiva" a la que hace mención el autor no como una herramienta de liberación, sino como un posible catalizador de una atrofia intelectual que compromete nuestra capacidad de análisis profundo y juicio autónomo.

Cabe entonces preguntar, ¿si la IA es un "exoesqueleto" mental que puede potenciar nuestras capacidades o es una mera muleta tecnológica que debilita nuestra propia musculatura racional de forma irreversible? El núcleo del informe de Gesnot (2025) postula que la externalización de funciones ejecutivas hacia algoritmos de caja negra está alterando de cierta manera la plasticidad sináptica del usuario contemporáneo. Al transferir la carga de la síntesis y la resolución de problemas complejos a una entidad externa, el sujeto corre el riesgo de perder la habilidad de habitar el "caos creativo" necesario para el pensamiento original.

Visto esto desde la dimensión socio-tecnológica, Gesnot argumenta que vivimos en una sociedad que ha canonizado la eficiencia por encima del proceso, lo que empuja a la IA a convertirse en una interfaz del pensamiento sustitutivo. Esta visión es corroborada por Lee et.al.(2025), quienes en sus estudios sobre interacción humana-computadora, advierten una correlación negativa entre el uso intensivo de asistentes algorítmicos y la retención de información a largo plazo. La tecnología, bajo este prisma, deja de ser un mediador para convertirse en un reemplazo de la memoria de trabajo.

En el ámbito de la dimensión psicopolítica, surge una pregunta detonadora esencial: ¿Cómo afecta la dependencia de respuestas prefabricadas nuestra capacidad de disentir frente a los consensos algorítmicos. Gesnot sugiere que la descarga cognitiva no es un acto políticamente neutral, sino una forma de sumisión donde el individuo cede su juicio crítico a cambio de comodidad operativa. Esta "comodidad" es, en esencia, una herramienta de control sutil que moldea una ciudadanía menos dispuesta a cuestionar la validez de los datos recibidos.

Por otro lado, al explorar la dimensión cibercultural, se observa una mutación en el valor del conocimiento; el "saber como" está siendo desplazado por el "saber pedir" (el prompting). Así, para Gesnot, esta cultura la inmediatez erosiona la paciencia cognitiva, un rasgo que Arbeláez-Campillo et.al.(2021) asocian con la fragmentación del pensamiento crítico en las sociedades digitales contemporáneas. La cultura del clic elimina la fricción intelectual, y con ella, la profundidad de análisis que requiere tiempo y reflexión silente.

En la dimensión tecnopedagógica, ¿debería el sistema educativo fomentar el uso de la IA como copiloto o restringirlo, más bien, para proteger el desarrollo de las funciones cognitivas básicas en formación? Mientras que Gesnot se muestra escéptico ante la integración masiva sin salvaguardas, autores como García et.al.(2024) proponen un enfoque un tanto ambivalente. Sostienen que la IA puede ser un catalizador si se utiliza para eliminar tareas mecánicas, permitiendo que el estudiante se enfoque en la arquitectura de ideas complejas.

No obstante, al comparar estas posturas, Gesnot lanza una advertencia que García et.al.(2024) parecen subestimar: la distinción entre tarea "mecánica" y "cognitiva" es cada vez más borrosa. Si la redacción de un ensayo se considera mecánica, ¿qué queda del proceso de estructuración del pensamiento que ocurre precisamente en la escritura? Aquí, el contraste es claro: mientras unos ven optimización, Gesnot ve una desocupación del intelecto que puede conducir de manera irremediable a una "estandarización de la mente". 

¿Podemos, entonces seguir llamando "nuestro" a un pensamiento que ha sido sugerido, corregido y completado por un modelo probabilístico del lenguaje? Esta pregunta crítica nos lleva a cuestionar la autoría de la identidad misma; Gesnot sostiene que la IA actúa como un espejo deformante que nos devuelve la versión simplificada de nuestra capacidad reflexiva. La pérdida de la "fricción cognitiva" -ese esfuerzo mental por entender algo difícil- es, para el autor, el inicio del fin de la erudición humana.

Investigaciones recientes de Venegas et.al.(2025) en el campo de la tecnología educativa refuerzan la preocupación de Gesnot al señalar que los usuarios de IA tienden a aceptar alucinaciones algorítmicas como verdades absolutas por simple pereza mental. Esta "obediencia ciega al dato" es el resultado directo de una tecnopedagogía que ha priorizado el resultado sobre la metodología de investigación. La descarga cognitiva se transforma así en una vulnerabilidad epistémica que nos deja desarmados ante la desinformación.

Desde una perspectiva comparativa, mientras que la literatura técnica suele celebrar la "aumentación humana", Gesnot invita a una lectura de sospecha desde la psicopolítica. El autor argumenta que una población que no ejerce su pensamiento crítico es más fácil de gobernar mediante algoritmos de recomendación. El contraste con Brito et.al.(2019) es evidente: ellos veían el riesgo en la falta de trasparencia, pero Gesnot lo ve en la falta de capacidad del sujeto para procesar esa transferencia incluso si existiera.

Ante este panorama, ¿es posible diseñar una cibercultura que utilice la IA sin sucumbir a la atrofia intelectual que Gesnot tanto teme? La respuesta, según la integración de estas dimensiones, no radica en la prohibición, sino en la revalorización de lo "humano-exclusivo": la duda, la intuición ética y la capacidad de pensar contra la corriente de los datos. El pensamiento crítico debe dejar de ser una competencia deseable para convertirse en una estrategia de supervivencia cognitiva frente a la automatización del juicio.

En conclusión, este primer apartado nos revela que el impacto de la IA en el pensamiento humano es una moneda de dos caras donde la eficiencia es el precio de la autonomía. Gesnot apoyado por la voces críticas de Venegas, Lee y Arbeláez-Campillo, nos insta en reconocer que cada vez que "descargamos" un pensamiento en la IA, estamos renunciando a una parcela de nuestra libertad intelectual. La pregunta final queda abierta para nuestros lectores: ¿Qué tanto de su propio juicio está dispuesto a ceder antes de dejar de ser el autor de su propia vida, sobre todo, cuando existe de por menos una manipulación psicopolítica y la homogeneización del pensamiento en las formas de consumo propiciados por la cibercultura? Aspectos a tratar en el siguiente apartado.     

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